Citation de Pablo Neruda

jeudi 18 février 2010

Canto General 2010

Le Canto General sera interprèté par 150 choristes de La Badinerie, 16 musiciens, 2 solistes Michel puissant - Kris belligh et 2 acteurs Romain Cinter - Gaspard Vancoppenolle en soutien aux réalisations de l’ong Mekong Plus au Vietnam et au Cambodge.
Canto General

Une composition musicale impressionnante !

L’alchimie entre la force poétique d’un écrivain chilien : Pablo neruda et l’écriture musicale d’un compositeur grec : Mikis theodorakis.

la puissance imprécative d’un orchestre atypique réunissant percussions, guitares, bouzoukis, pianos, flûtes …, d’un grand chœur, de deux solistes et deux acteurs.
Le lyrisme, l’humour, le témoignage de la tragédie vécue par un peuple opprimé, la dénonciation des dictateurs, la force de la vie sont autant d’aspects caractérisant les 340 poèmes du Canto General.

Solistes : Michel Puissant & Kris Belligh
Acteurs : Romain Cinter & Gaspard Vancoppenolle
Music for Pleasure, ensemble instrumental
La Badinerie, chœur mixte de Louvain-la-Neuve
Daniel Lipnik, direction artistique

'Canto General 2010'

WEX

Adresse: Rue des 2 Provinces, 1, 6900 Marche-En-Famenne
Activités similaires dans la région (carte)
Itinéraire en transport en commun
Téléphone: 070/25 20 20
Public: à partir de 9 ans
Internet: http://www.cantogeneral2010.org
Ouverture: 20h00, du 26 au 27 novembre 2010

mercredi 17 février 2010

Figures de proue

Salvador Allende et Pablo Neruda dans un Meeting à Santiago
Deux figures emblématiques de leur pays, deux promoteurs d'un monde nouveau, deux amis. L'un poète, engagé au côté de l'autre dans son combat. Un combat politique c'est vrai, mais teinté, lui aussi, d'une certaine poésie : ces deux hommes portaient en eux l'espoir de tout un peuple, celui d'une société plus juste. ...
T.L.

Jusqu'au 19 février à l'Aubette, place Kléber du lundi au samedi de 10 h à 20 h. Visite guidée en présence de Tito Gonzalez les 17 et 18 février. Entrée libre.
Exposition hétéroclite : elle rassemble des peintures, des photographies, des objets de collection divers ayant appartenu au poète chilien ou ayant été inspirés de ses œuvres écrites et de sa vie, y compris sa proche amitié avec Salvador ALLENDE.
L’exposition, qui prendra fin le 19 février, permet aussi de découvrir un aspect plus méconnu de NERUDA, fin collectionneur de cloches en bronze, de figures de proue (ses « muses de la mer ») et de magnifiques bouteilles bleues.

dimanche 14 février 2010

Discours de Pablo Neruda au Banquet Nobel

Le discours de Pablo Neruda au Banquet Nobel à l'Hôtel de ville de Stockholm, le 10 décembre 1971 (en espagnol)

Altezas, Señoras y Señores,

Venimos de muy lejos, de fuera o de dentro de nosotros mismos, de idiomas contrapuestos, de países que se aman. Aquí nos encontramos, en Estocolmo, en esta noche central del mundo. Hemos llegado de la química, de los microscopios, de la cibernética, del álgebra, de los barómetros, de la poesía, para reunirnos. Venimos de la oscuridad de nuestros laboratorios a enfrentarnos con una luz que nos honra y que, por el momento, nos enceguece. Para nosotros, laureados, se trata de una alegría y de una agonía.
Pero antes de agradecer y antes de respirar tengo que reconcentrarme, perdón, irme lejos de aquí, perdón, volver a mi tierra, perderme una vez más en la noche y en el amanecer de mi patria.
Vuelvo a calles de mi infancia, al invierno del sur de América, a los jardines de lilas de la Araucanía, a la primera María que tuve en mis brazos, al barro de las calles que no conocían el pavimento, a los indios enlutados que nos dejó la Conquista, a un país, a un continente oscuro que buscaba la claridad. Y si este resplandor se prolonga desde esta sala de fiesta y llega a través de tierra y mar a iluminar mi pasado, está iluminando también el futuro de nuestros pueblos americanos que defienden su derecho a la dignidad, a la libertad y a la vida.
Yo soy un representante de aquel tiempo, y de las actuales luchas que pueblan mi poesía. Perdón por haber extendido mi reconocimiento hacia todos los míos, hacia los olvidados de la tierra que en esta ocasión feliz de mi vida me parecen más verdaderos que mi expresión, más altos que mis cordilleras, más anchos que el océano. Yo pertenezco con orgullo a la multitud humana, no a unos pocos, sino a unos muchos, y aquí estoy rodeado por su presencia invisible.
En nombre de todos ellos y en el mío propio doy las gracias a la Academia Sueca por el honor que hoy le concede a mi artesanía de poeta. Doy las gracias a este país de inmensos bosques y profundas nieves, cuyo sentido de la igualdad y cuyo amor a la paz, cuyo equilibrio y cuya generosidad impresionan al mundo. Doy las gracias y vuelvo a mis trabajos, a la página blanca que espera cada día a los poetas para que la llenemos con nuestra sangre y nuestra sombra porque con sangre y sombra se escribe, se debe escribir la poesía.

De Les Prix Nobel en 1971, Rédacteur Wilhelm Odelberg, Fondation Nobel, Stockholm, 1972 Copyright © The Nobel Foundation 1971

HACIA LA CIUDAD ESPLÉNDIDA

Mi discurso será una larga travesía, un viaje mío por regiones lejanas y antípodas, no por eso menos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi país. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros límites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta.

Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina. Grandes bosques cubren como un túnel las regiones inaccesibles y como nuestro camino era oculto y vedado, aceptábamos tan sólo los signos más débiles de la orientación. No había huellas, no existían senderos y con mis cuatro compañeros a caballo buscábamos en ondulante cabalgata - eliminando los obstáculos de poderosos árboles, imposibles ríos, requerios inmensos, desoladas nieves, adivinando más bien - el derrotero de mi propia libertad. Los que me acompañaban conocían la orientación, la posibilidad entre los grandes follajes, pero para saberse más seguros, montados en sus caballos, marcaban de un machetazo aquí y allá, las cortezas de los grandes árboles, dejando huellas que los guiarían en el regreso, cuando me dejaran solo con mi destino.


Cada uno avanzaba embargado en aquella soledad sin márgenes, en aquel silencio verde y blanco, los árboles, las grandes enredaderas, el humus depositado por centenares de años, los troncos semi-derribados que de pronto eran una barrera más en nuestra marcha. Todo era a la vez una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de frío, nieve, persecución. Todo se mezclaba: la soledad, el peligro, el silencio y la urgencia de mi misión.

A veces seguíamos una huella delgadísima, dejada quizás por contrabandistas o delincuentes comunes fugitivos, e ignorábamos si muchos de ellos habían perecido, sorprendidos de repente por las glaciales manos del invierno, por las tremendas tormentas de nieve que, cuando en los Andes se descargan, envuelven al viajero, lo hunden bajo siete pisos de blancura.

A cada lado de la huella contemplé, en aquella salvaje desolación, algo como una construcción humana. Eran trozos de ramas acumulados que habían soportado muchos inviernos, vegetal ofrenda de centenares de viajeros, altos túmulos de madera para recordar a los caídos, para hacer pensar en los que no pudieron seguir y quedaron allí para siempre debajo de las nieves. También mis compañeros cortaron con sus machetes las ramas que nos tocaban las cabezas y que descendían sobre nosotros desde la altura de las coniferas inmensas,, desde los robles cuyo último follaje palpitaba antes de las tempestades del invierno. Y también yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque para adornar las tumbas de uno y otro de los viajeros desconocidos.

Teníamos que cruzar un río. Esas pequeñas vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora, se tornan en cascadas, rompen tierras y rocas con la energía y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado. Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompañaban me preguntaron con cierta sonrisa :

- Tuvo mucho miedo?

- Mucho. Creí que había llegado mi última hora - dije.
- Ibamos detrás de usted con el lazo en la mano - me respondieron.

- Ahí mismo - agregó uno de ellos - cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted.

Seguimos hasta entrar en un túnel natural que tal vez abrió en las rocas imponentes un caudaloso río perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos. A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras; más de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. Mi cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, el espléndido, el difícil camino
Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. Súbitamente, como una singular visión, llegamos a una pequeña y esmerada pradera acurrucada en el regazo de las montañas: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de ríos y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ningún follaje

Allí nos detuvimos como dentro de un círculo mágico, como huéspedes de un recinto sagrado: y mayor condición de sagrada tuvo aún la ceremonia en la que participé. Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compañeros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros de hueso. Me uní a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrarían pan y auxilio en las órbitas del toro muerto.

Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia. Mis rústicos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extraña danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por allí cruzaron antes. Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aún en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo.

Más lejos, ya a punto de cruzar las fronteras que me alejarían por muchos años de mi patria, llegamos de noche a las últimas gargantas de las montañas. Vimos de pronto una luz encendida que era indicio cierto de habitación humana y, al acercarnos, hallamos unas desvencijadas construcciones, unos destartalados galpones al parecer vacíos. Entramos a uno de ellos y vimos, al claror de la lumbre, grandes troncos encendidos en el centro de la habitación, cuerpos de árboles gigantes que allí ardían de día y de noche y que dejaban escapar por las hendiduras del techo un humo que vagaba en medio de las tinieblas como un profundo velo azul. Vimos montones de quesos acumulados por quienes los cuajaron en aquellas alturas. Cerca del fuego, agrupados como sacos, yacían algunos hombres. Distinguimos en el silencio las cuerdas de una guitarra y las palabras de una canción que, naciendo de las brasas y de la oscuridad, nos traía la primera voz humana que habíamos topado en el camino. Era una canción de amor y de distancia, un lamento de amor y de nostalgia dirigido hacia la primavera lejana, hacia las ciudades de donde veníamos, hacia la infinita extensión de la vida. Ellos ignoraban quienes éramos, ellos nada sabían del fugitivo, ellos no conocían mi poesía ni mi nombre. O lo conocían? El hecho real fue que junto a aquel fuego cantamos y comimos, y luego caminamos dentro de la oscuridad hacia unos cuartos elementales. A través de ellos pasaba una corriente termal, agua volcánica donde nos sumergimos, calor que se desprendía de las cordilleras y nos acogió en su seno.

Chapoteamos gozosos, cavándonos, limpiándonos el peso de la inmensa cabalgata. Nos sentimos frescos, renacidos, bautizados, cuando al amanecer emprendimos los últimos kilómetros de jornada que me separarían de aquel eclipse de mi patria. Nos alejamos cantando sobre nuestras cabalgaduras, plenos de un aire nuevo, de un aliento que nos empujaba hacia el gran camino del mundo que me estaba esperando. Cuando quisimos dar (lo recuerdo vivamente) a los montañeses algunas monedas de recompensa por las canciones, por los alimentos, por las aguas termales, por el techo y los lechos, vale decir, por el inesperado amparo que nos salió al encuentro, ellos rechazaron nuestro ofrecimiento sin un ademán. Nos habían servido y nada más. Y en ese "nada más", en ese silencioso nada más había muchas cosas subentendidas, tal vez el reconocimiento, tal vez los mismos sueños.

Señoras y Señores:

Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema: y no dejaré impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de mí alguna gota de supuesta sabiduría. Si he narrado en este discurso ciertos sucesos del pasado, si he revivido un nunca olvidado relato en esta ocasión y en este sitio tan diferentes a lo acontecido, es porque en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveración necesaria, la fórmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras sino para explicarme a mí mismo.

En aquella larga jornada encontré las dosis necesarias a la formación del poema. Allí me fueron dadas las aportaciones de la tierra y del alma. Y pienso que la poesía es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza. Y pienso con no menor fe que todo está sostenido - el hombre y su sombra, el hombre y su actitud, el hombre y su poesía - en una comunidad cada vez más extensa, en un ejercicio que integrará para siempre en nosotros la realidad y los sueños, porque de tal manera la poesía los une y los confunde. Y digo de igual modo que no sé, después de tantos años, si aquellas lecciones que recibí al cruzar un río vertiginoso, al bailar alrededor del cráneo de una vaca, al bañar mi piel en el agua purificadora de las más altas regiones, digo que no sé si aquello salía de mí mismo para comunicarse después con muchos otros seres, o era el mensaje que los demás hombres me enviaban como exigencia o emplazamiento. No sé si aquello lo viví o lo escribí, no sé si fueron verdad o poesía, transición o eternidad, los versos que experimenté en aquel momento, las experiencias que canté más tarde.

De todo ello, amigos, surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía: mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y creer en un destino común.

En verdad, si bien alguna o mucha gente me consideró un sectario, sin posible participación en la mesa común de la amistad y de la responsabilidad, no quiero justificarme, no creo que las acusaciones ni las justificaciones tengan cabida entre los deberes del poeta. Después de todo, ningún poeta administró la poesía, y si alguno de ellos se detuvo en acusar a sus semejantes, o si otro pensó que podía gastarse la vida defendiéndose de recriminaciones razonables o absurdas, mi convicción es que sólo la vanidad es capaz de desviarnos hasta tales extremos. Digo que los enemigos de la poesía no están entre quienes la profesan o resguardan, sino en la falta de concordancia del poeta. De ahí que ningún poeta tenga más enemigo esencial que su propia incapacidad para entenderse con los más ignorados y explotados de sus contemporáneos: y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras.

El poeta no es un "pequeño dios". 

No, no es un "pequeño dios". No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. El cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, como una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de su mercadería: pan, verdad, vino, sueños. Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, el poeta tomará parte, los poetas tomaremos parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera. Sólo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poesía el anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos.

Los errores que me llevaron a una relativa verdad, y las verdades que repetidas veces me recondujeron al error, unos y otras no me permitieron - ni yo lo pretendí nunca - orientar, dirigir, enseñar lo que se llama el proceso creador, los vericuetos de la literatura. Pero sí me di cuenta de una cosa: de que nosotros mismos vamos creando los fantasmas de nuestra propia mitificación. De la argamasa de lo que hacemos, o queremos hacer, surgen más tarde los impedimentos de nuestro propio y futuro desarrollo. Nos vemos indefectiblemente conducidos a la realidad y al realismo, es decir, a tomar una conciencia directa de lo que nos rodea y de los caminos de la transformación, y luego comprendemos, cuando parece tarde, que hemos construido una limitación tan exagerada que matamos lo vivo en vez de conducir la vida a desenvolverse y florecer. Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta más pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contemplábamos como parte integral de nuestro deber. Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de un tembladeral de hojas, de barro, de nubes, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicación opresiva.

En cuanto a nosotros en particular, escritores de la vasta extensión americana, escuchamos sin tregua el llamado de llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso. Somos conscientes de nuestra obligación de pobladores y - al mismo tiempo que nos resulta esencial el deber de una comunicación crítica en un mundo deshabitado y, no por deshabitado menos lleno de injusticias, castigos y dolores - sentimos también el compromiso de recobrar los antiguos sueños que duermen en las estatuas de piedra, en los antiguos monumentos destruidos, en los anchos silencios de pampas planetarias, de selvas espesas, de ríos que cantan como truenos. Necesitamos colmar de palabras los confines de un continente mudo y nos embriaga esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez ésa sea la razón determinante de mi humilde caso individual: y en esa circumstancia mis excesos, o mi abundancia, o mi retórica, no vendrían a ser sino actos los más simples del menester americano de cada día. Cada uno de mis versos quiso instalarse como un objeto palpable: cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo: cada uno de mis cantos aspiró a servir en el espacio como signo de reunión donde se cruzaron los caminos, o corno fragmento de piedra o de madera en que alguien, otros, los que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos.

Extendiendo estos deberes del poeta, en la verdad o en el error, hasta sus últimas consecuencias, decidí que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida debía ser también humildemente partidaria. Lo decidí viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes. Comprendí, metido en el escenario de las luchas de América, que mi misión humana no era otra sino agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma, con pasión y esperanza, porque sólo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos. Y aunque mi posición levantara y levante objeciones amargas o amables, lo cierto es que no hallo otro camino para el escritor de nuestros anchos y crueles países, si queremos que florezca la oscuridad, si pretendemos que los millones de hombres que aún no han aprendido a leernos ni a leer, que todavía no saben escribir ni escribirnos, se establezcan en el terreno de la dignidad sin la cual no es posible ser hombres integrales.

Heredamos la vida lacerada de los pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los más edénicos, los más puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante: pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las épocas terribles del colonialismo que aún existe.

Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanzas solitarias. En todo hombre se juntan las épocas remotas, la inercia, los errores, las pasiones, las urgencias de nuestro tiempo, la velocidad de la historia. Pero, qué sería de mí si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquier forma al pasado feudal del gran continente americano? Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país? Hay que mirar al mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se nieguen a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos.

Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes que reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza, cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía.
Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: "À l'aurore, armés d'une ardente patience, nous entrerons aux splendides villes.". "Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades".

Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el Vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.
En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con unaardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.
Así la poesía no habrá cantado en vano.

Discours prononcé à l'occasion de la remise du Prix Nobel Littérature (1971) 13 décembre 1971.



De Les Prix Nobel en 1971, Rédacteur Wilhelm Odelberg, Fondation Nobel, Stockholm, 1972 Copyright © The Nobel Foundation 1971

ARDIENTE PACIENCIA

Le titre Ardiente paciencia (Une ardente patience) a été extrait du discours que Pablo Neruda prononce à Stockholm, le 13 décembre 1971, lors qu'il reçoit le du prix Nobel de littérature. Dans une interaction textuelle, devenue depuis un classique, Neruda s'approprie du discours d'Arthur Rimbaud :
« Voici exactement cent ans, un poète pauvre et splendide, le plus atroce des désespérés, écrivait cette prophétie : « À l’aurore, armés d’une ardente patience, nous entrerons aux splendides villes.» « Je crois en cette prophétie de Rimbaud, le voyant. Je viens d’une obscure province, d’un pays séparé des autres par un coup de ciseaux de la géographie. J’ai été le plus abandonné des poètes et ma poésie a été régionale, faite de douleur et de pluie. Mais j’ai toujours eu confiance en l’homme. Je n’ai jamais perdu l’espérance. Voilà pourquoi je suis ici avec ma poésie et mon drapeau. En conclusion, je veux dire aux hommes de bonne volonté, aux travailleurs, aux poètes, que l’avenir tout entier a été exprimé dans cette phrase de Rimbaud ; ce ne sera qu’avec une ardente patience que nous conquerrons la ville splendide qui donnera lumière, justice et dignité à tous les hommes. Et ainsi la poésie n’aura pas chanté en vain. » .

PLACIDO DOMINGO INCARNERA LE POÈTE CHILIEN PABLO NERUDA

Elle raconte l'histoire de Mario, un jeune facteur italien quasiment illettré qui découvre le pouvoir des mots en compagnie de Pablo Neruda.

Placido Domingo incarnera le poète chilien, Rolando Villazon se chargera de lui apporter le courrier. Dans la distribution a été annoncée aussi la soprano Amanda Squitieri comme la serveuse Béatrice Russo, la soprano Cristina Gallardo-Domas comme Matilde Neruda, le baryton Vladimir Chernov comme l'employé postal Giorgio et la mezzo soprano Nancy Fabiola Herrera comme Donna Rosa, tante de Béatrice.

mardi 9 février 2010

Les odes de Pablo Neruda

Photo Memoria Andando
Des sentiments dévoilés par le chant et la guitare cette fois, à la centaine de personnes venue assister au spectacle de Jean-Michel Hernandez et Paul Race, vendredi soir, à l'Espace Yves-Roques. Un hommage émouvant d'après son oeuvre Odes élémentaires qui a conquis l'assistance. Une belle programmation pour Memoria Andando qui montre que la poésie est encorede ce monde.

dimanche 31 janvier 2010

LE POÈTE PABLO NERUDA AU CERCLE DE LECTURE

Un début de causerie sous le charme : « Né à Parral, il vécut jusqu'à l'âge de 17 ans à Temuco, dans le sud du Chili. Il fut donc un enfant du froid et du vent, de la pluie éternelle, du grand sud austral, dont les sens ont été éveillés à la vie par une nature exubérante et odorante, renaissant, comme le Phénix, de sa perpétuelle décomposition. » Lorsqu'il fait parler l'écrivain, le glissement s'opère douceur : « Qui ne connaît pas la forêt chilienne ne connaît pas la planète : C'est de ces terres, de cette boue, de ce silence que je suis parti cheminer et chanter à travers le monde. » Quid du maître et de l'élève !Le décor est planté, le bain poétique assuré à travers les propos de l'orateur et les extraits.

L'auditoire scotché allait suivre avec passion la carrière de cet écrivain, doublé d'un politique, un court moment ambassadeur en France.

samedi 30 janvier 2010

Exposition « Allende-Neruda – Inoubliables»

Exposition "Allende – Neruda - Inoubliables’’ : chapeau pour la Une du 29 janvier au 19 février à l'Aubette


Des peintures, des photographies, des objets de collection et des poèmes illustrent la vie et l’œuvre de Pablo Neruda, Prix Nobel de littérature, poète, écrivain, diplomate et homme politique.
En cette année du bicentenaire de l’indépendance du Chili (1810-2010), l’exposition rend hommage à Pablo Neruda, Prix Nobel de littérature, poète, écrivain, diplomate et homme politique.
L’exposition rassemble des œuvres inspirées par la vie et l’œuvre du poète chilien, des peintures, des photographies, des ouvrages, mais aussi des objets de collection ayant appartenu à Pablo Neruda. On peut y admirer quelques peintures de grands artistes tels David Alfaro Siqueiros, José Balmes, Oswaldo Guayasamin et Roberto Matta.
Rythmée par des poèmes de Pablo Neruda et des textes de Salvador et Isabel Allende, cette exposition propose un parcours en quatre parties. Plusieurs peintures évoquent une de ses œuvres majeures, Les hauteurs du Machu Picchu. L’Espagne au cœur retrace son engagement auprès des Républicains espagnols. Sa collection de bouteilles bleues, de cloches et de figures de proue nous révèle un Neruda plus intime. Enfin, des œuvres d’artistes de diverses nationalités illustrent celui qui fut aussi un grand poète de l’amour.
Pablo Neruda a partagé avec Salvador Allende des rêves de justice et de liberté. Il a plusieurs fois soutenu la candidature de celui qui deviendra président de la République du Chili en 1971. Morts tous les deux en septembre 1973, ces ‘’Inoubliables’’ ont profondément marqué l’histoire et la pensée du Chili.
du 29 janvier au 19 février
salle de l'Aubette - place Kléber
du lundi au samedi de 10 heures à 20 heures
en partenariat avec le Consul du Chili à Strasbourg et sous le parrainage du ministère des Affaires étrangères du Chili, l’ambassade du Chili en France, l’association sexto-sol Chili et l’association Allende 93.

Le Chant général


Le jour même de la mort de son père, le 7 mai 1938, Pablo Neruda (1904-1973) commence la rédaction du Chant général du Chili, qu'il intitulera plus tard, en raison de sa dimension continentale, Chant général. La mort de ses parents semble détacher à jamais Neruda du Chili de son enfance, de ce Temuco de la forêt, de la pluie et des chemins de fer que conduisait son père. C'est un nouveau processus créatif, puissant et profond, qui se met en marche et qui engendrera ce qu'on considère aujourd'hui comme l'œuvre majeure du poète chilien.

Avec Résidence sur la terre (1933-1935), Neruda avait fait la double expérience de l'éloignement géographique - il est alors amené à occuper un poste diplomatique en Asie du Sud-Est - et de la plongée dans son propre enfer personnel, après avoir publié en 1924 Vingt Poèmes d'amour et une chanson désespérée, qui lui confèrent une renommée qui ne se démentira plus. En 1935, en poste en Espagne, il renforce ses liens avec une pléiade de poètes dont certains seront évoqués avec émotion dans le Chant général : Alberti, García Lorca, Aleixandre, Miguel Hernández. La guerre d'Espagne sera pour lui l'épreuve de la solidarité, qui se cristallise dans Espagne au cœur (1937), publié l'année suivante en français avec une préface d'Aragon. C'est une tout autre image de l'Espagne que véhiculera le Chant général : celle d'une puissance colonisatrice, rapace et impitoyable.

De 1940 à 1945 Neruda est en poste au Mexique ; en 1942, il publie les premiers extraits du Chant général ; en 1943, il fait un voyage au Pérou, où il visite les ruines de Macchu Picchu. Cette visite est à l'origine de « Hauteurs de Macchu Picchu », une des séquences les plus inspirées du Chant général. À la suite de graves divergences politiques avec le nouveau président du Chili, Gabriel González Videla, Neruda entre dans la clandestinité. Il met à profit cette période difficile pour progresser dans la rédaction de son recueil. En février 1949, il réussit à sortir du Chili en traversant la partie australe de la Cordillère des Andes. Il se rend en Union soviétique - il a adhéré au Parti communiste chilien en 1945 - et c'est au Mexique que, en 1950, sera publié le Chant général. Parallèlement, deux éditions clandestines de l'œuvre vont circuler au Chili. La même année, le livre est publié en Chine, aux États-Unis, en Inde, en Syrie, en Roumanie, en Pologne, en Suède et en Union soviétique, dans une édition tirée à 250 000 exemplaires. Neruda ne rentrera au Chili qu'en août 1952.

1. Une poésie engagée


Œuvre monumentale, le Chant général s'élabore sur une période d'environ douze années, avec des phases d'accélération et de ralentissement. Bien entendu, l'engagement politique du poète se fait sentir dans cette fresque où sont condamnés avec vigueur « les avocats du dollar », l'implantation sanglante des grandes compagnies minières et fruitières nord-américaines, la diplomatie du « gros bâton », l'appui aux dictateurs locaux. Mais, plus qu'une vision simpliste de l'histoire qui suivrait les aléas de la guerre froide, le Chant général est avant tout une chaleureuse et vibrante remontée aux sources de l'homme et des paysages américains (Chants I et II), de l'histoire passée et présente du continent (Chants III, IV et V). À partir du Chant VI, la figure du poète prend un relief particulier. Son retour au Chili en 1939 est évoqué (Chant VII), puis sa volonté de chanter le sacrifice des humbles (Chant VIII), son hostilité à la politique des États-Unis (Chant IX), ses aventures dans la clandestinité (Chant X), sa solidarité avec les déshérités (Chant XI), le salut qu'il adresse à ses frères en poésie (Chant XII), son dialogue avec une patrie à la fois généreuse et hostile (Chant XIII), sa fascination devant l'océan Pacifique (Chant XIV) et, enfin, les aléas de sa vie personnelle (Chant XV : « Je suis »), anticipation de sa future autobiographie.

2. Neruda, chantre et conteur


Dès le premier poème, Pablo Neruda affirmait : « Je suis ici pour raconter l'histoire. » Dans le Chant général, il est à la fois témoin et acteur, chantre et conteur. L'épique et le lyrique, le sarcasme et l'émotion, l'histoire et le mythe se mêlent. Les métaphores s'enchaînent en une ronde éblouissante ; la diction poétique brasse diatribe, mélopée, déploration, dithyrambes, pastiches. La chronique s'ouvre sur l'hymne :« Je ne prononce pas ton nom en vain, ô Amérique: Nuit et jour je vois les martyres,/ jour et nuit je vois l'enchaîné,/ le blond, le noir, l'indien/ écrire avec leurs mains battues et lumineuses/ sur les murs sans fin de la nuit. »


Claude FELL, docteur ès lettres, professeur à l'université de Paris-III - Sorbonne nouvelle dans Encyclopædia Universalis

vendredi 22 janvier 2010

DE VALPARAISO À VICUÑA, SUR LES PAS DE PABLO NERUDA ET DE GABRIELA MISTRAL


FILM ADHEMAR ORELLANA RIOJA

L'extraordinaire situation de "La Sebastiana", la demeure où Pablo Neruda (1904-1973) s'installa dans les années 1960, laisse penser que quiconque vivant ici quelque temps pourrait être saisi d'une inspiration comparable à celle du poète. Las, la maison n'est pas à louer et il est même interdit de s'allonger sur le lit ou de s'asseoir devant le bureau.

Faute de mieux, La Sebastiana peut tout de même se visiter, puisqu'elle est devenue un musée. On peut la parcourir, avec dévotion, amusement ou curiosité. S'extasier devant le bar, si petit que l'on se demande comment ce ventripotent poète pouvait passer derrière, tant le passage est étroit. Toujours est-il que c'est là qu'il préparait le coqueleton, un cocktail de son invention composé de parts égales de cognac et de champagne, et de quelques gouttes de Cointreau et de jus d'orange.

En attendant de confectionner soi-même ce breuvage, force est de méditer devant la vieille enseigne qui trône au-dessus du bar. "Au coeur couronné percé d'une flèche", est-il inscrit. Où Neruda a-t-il bien pu trouver cet objet qui porte le nom de l'auberge parisienne devant laquelle le bon roi Henri IV fut poignardé par le dénommé Ravaillac ? La maison regorge d'objets aussi étranges qu'hétéroclites, autant de souvenirs rapportés de tous les bouts du monde.

"Port fou", "toujours surpris par la vie", "extravagant", Valparaiso est aussi, sous la plume de Neruda, la "fiancée de l'océan", "lumineuse et nue, feu et brouillard", "reine de toutes les côtes du monde". Erigée sur une quarantaine de collines dessinant un immense amphithéâtre face à l'océan, la ville peut conduire le promeneur au diable vauvert s'il n'y prend garde, ce qui serait dommage : "Ces collines portent des noms profonds. Voyager parmi ces noms est un voyage sans fin, parce que le voyage, à Valparaiso, ne prend fin ni sur la terre ni dans les mots", assure celui qui reçut le prix Nobel de littérature en 1971.

Heureusement, les fameux funiculaires de Valparaiso, appelés "ascensores", fonctionnent à merveille. Celui de La Concepción grimpe du bas de la ville à la place Gervasoni. A l'entrée, grilles et tourniquet métalliques d'un autre âge. Une cabine sommaire, pour sept personnes, un petit banc de bois, et on comprend vite le pourquoi du terme ascenseur. "Vous venez de gravir 44,5 mètres en 34 secondes environ, détaille Juan Riquelme, le machiniste. Des problèmes ? Il n'y en a jamais, sauf quand il y a des pannes d'électricité. Les pompiers viennent récupérer les passagers et ça repart comme en 1883", s'amuse-t-il.

A l'origine, en 1883 donc, ce funiculaire fonctionnait grâce à un système de contrepoids. Dans le réduit où Juan Riquelme dirige les manoeuvres, rien ne semble avoir changé : la vitesse se règle avec une étrange manivelle, l'arrêt est assuré grâce à un énorme frein métallique, la porte de la cabine s'ouvre par l'étonnante action d'un imposant levier. "Aujourd'hui, nous sommes une quarantaine à assurer le fonctionnement des quinze ascenseurs de la ville, explique le machiniste, mais nous étions soixante-huit il y a encore trois ou quatre ans."

Loin des folies de Valparaiso, à 500 kilomètres environ vers le nord, et loin des fumées toxiques du rallye Dakar - qui a sévi dans les parages -, se trouve la ville natale de l'autre Chilienne à avoir été honorée par le prix Nobel, en 1945. Gabriela Mistral (1889-1957) est née à Vicuña, une bourgade de 20 000 habitants, située dans la vallée d'Elqui aux magnifiques paysages et dont les collines sont hérissées d'innombrables copaos, des cactus parfois immenses, propres à cette région. "La vallée d'Elqui, ceinte de cent montagnes ou peut-être plus qui, comme des offrandes ou des tributs, s'embrasent en rouge et safran", chantait la poétesse.

Vicuña, également connue pour ses vignes et la production de pisco - boisson apéritive -, abrite un musée consacré à Gabriela. Malgré son nom, qu'elle emprunta à Frédéric Mistral, auquel elle vouait une grande admiration, Gabriela ne jouit pas d'une grande reconnaissance en France : peu de ses poèmes ont été traduits et les rares recueils édités sont épuisés depuis longtemps. Elle est pourtant vénérée au Chili. "Te voici, Gabriela, fille aimée de ces plantes, de ces pierres, de ce vent gigantesque. Nous t'accueillons avec bonheur. Personne n'oubliera tes chants aux épines, aux neiges du Chili. Tu es chilienne. Tu es du peuple. Personne n'oubliera tes strophes aux pieds nus de nos enfants...", écrivait Pablo Neruda.

Bien qu'aucune constellation ne porte le nom de Mistral, un détour par l'observatoire astronomique de Mamalluca, à moins de dix kilomètres de Vicuña, s'impose. Une fois la nuit noire venue - elle est particulièrement intense dans cette région où ont pris place plusieurs observatoires professionnels - on pourra contempler à loisir l'étoile du Sud, puis on ira de surprises en ébahissements grâce aux guides qui font visiter le firmament. "Vous allez pouvoir surprendre Vénus toute nue, avertit l'un d'eux avant d'ajouter, feignant une grande désolation : quel manque de chance, on n'en voit que la moitié aujourd'hui, une autre planète jalouse lui fait de l'ombre."


Jean-Louis Aragon

lundi 18 janvier 2010

PABLO NERUDA, HOMME VÉRITABLE ET VRAI POÈTE

La voix de Pablo Neruda, prix Nobel de littérature est surtout connue par quelques titres de son ample œuvre poétique: Vingt poèmes d’amour et une chanson désespérée, les Odes les Résidences, et bien sûr Le Chant Général. Cet ouvrage, publié en 1950 et immédiatement traduit, eut un succès mondial fulgurant sauf en Espagne franquiste où Neruda était interdit et ne fut publié qu’en 1976. C’est un poème épique au souffle puissant, unique dans la langue castillane de notre temps. C’est la première œuvre contemporaine qui tente d’embrasser toute l’histoire du sous-continent américain fondant dans un même sentiment le monde préhispanique et celui postérieur à la colonisation.

Pablo Neruda est de son époque, jeune poète puis diplomate recherchant la vérité, la justice. Il est la joie de vivre même dans la lutte pour ses idéaux. Il lui faudra être un fugitif qui malgré tout ne se sent pas « seul dans la nuit ». Il chante le travail, la faim, la grève, la solidarité entre les hommes qui vivent de leurs mains. L’omniprésence de l’océan et l’amour de sa patrie.

Ce livre est «né de la colère comme une braise». Le Chant Général est l’œuvre d’un grand poète plongé dans un temps sombre. Pour le peuple trahi, il est la voix de tous contre la peur et le silence. Pablo Neruda n’a jamais fui l’engagement, il n’est pas neutre. Déjà, lors de la guerre civile espagnole, il affréta un cargo le « Winnipeg » pour sauver les républicains en détresse.

En exil son souffle puissant a une couleur brillante et singulière. Grâce à cela son œuvre continuera à être la meilleure « espérance pour ceux qui attendent». A la fin des années soixante, candidat du parti communiste populaire, il s’effacera devant son ami Salvador Allende qui sera élu président.

J’avoue que j’ai vécu, autobiographie posthume publiée en1973, est très utile pour vivre cette aventure du 20e siècle et goûter le plaisir de lire Pablo Neruda.


Cinémovida 2010
Conférence sur Pablo Neruda
Rendez-vous à ne pas manquer.
Pablo Neruda, homme véritable et vrai poète
Salle Paul Eluard, mardi 26 janvier à 20h30.