Citation de Pablo Neruda

mercredi 4 mars 2026

CÉSAR VALLEJO VISTO POR PABLO NERUDA

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CÉSAR VALLEJO VISTO POR PABLO NERUDA
FOTOMONTAJE LA JORNADA

César Vallejo visto por Pablo Neruda / Este artículo da cuenta de los encuentros entre el gran Pablo Neruda (1904-1973) y el no menos grande César Vallejo (1892-1938), narrados por el chileno en un discurso, en sus memorias y en dos poemas. Dos figuras fundamentales en la poesía latinoamericana del siglo pasado.

por Marco Antonio Campos - Sunday, 24 Sep 2023  

A lo largo de los años Pablo Neruda escribió cuatro textos sobre el peruano César Vallejo: un discurso-artículo que hallamos en la primera reunión de artículos (Para nacer he nacido), dos poemas y varias páginas de sus memorias (Confieso que he vivido, 1974). Siempre habló muy bien de él, lo consideró un gran poeta, un gran hermano, pero causa molestia o escozor que un par de veces, por autoexaltarse en demasía, pareciera hacer menos a Vallejo. Si se conoce de Neruda su obra o su persona, en un buen número de veces hallará o una gran vanidad o una humildad sincera o falsa. Se debe estar prevenido. En sus bellísimas memorias conviven episodios de espléndida ficción con recuerdos reales. Eso no anula ni disminuye que las memorias sean deslumbrantes, muy amenas y, en momentos, divertidísimas y, si se me permite, son del género las que más he leído a lo largo de mi vida.

CÉSAR ET GEORGETTE VALLEJO.
VERSAILLES, VERANO 1929.

En el discurso-artículo, publicado por primera vez el 10 de agosto de 1938, casi cuatro meses después del deceso del peruano en la Clínica Arago parisiense, ya lo enaltecía: “Eras grande Vallejo” y brindaba: “Salud gran poeta, gran hermano.” Es decir, ya lo decía cuando Vallejo había publicado sólo Los heraldos negros y Trilce y aún no se publicaban los poemas que después, por el orden que les dio su mujer Georgette Philippart, se llamaron Poemas humanos y España aparta de mí este cáliz. En ese 1938, en que la guerra de España los unía, Neruda dijo que hubo un tiempo en que “se veían diariamente”. Neruda destaca tres hechos que contribuyeron a su muerte: Vallejo había salido de Perú en 1924 y, salvo una temporada en Madrid, vivió en París, donde el hambre era el pan negado de cada día y las enfermedades lo debilitaban. Nunca regresó al país natal. “Murió de sus muchas hambres”, subraya Neruda en una carta que le escribió al poeta español Juan Larrea, muy amigo de Vallejo, divulgador por lustros de su obra, y quien después se volvería uno de los principales detractores del chileno. El mal comer y las enfermedades serían la primera causa; la segunda, que Vallejo “pedía tierra americana”, se había vuelto en París “un espectro americano”, donde lo asfixiaba el aire y el río infecto; la tercera causa, que la Guerra Civil española “le roía el alma”, y el peruano, concluía Neruda, “murió de España”. Las dos últimas son más románticas que reales, pero sin duda lo aminoraban anímicamente.

CÉSAR VALLEJO EN FONTAINEBLEAU, 1926.
 FOTO AUTOR DESCONOCIDO.  FUENTE VISIÓN DEL PERÚ N°4.
HOMENAJE INTERNACIONAL A CÉSAR VALLEJO. / LIMA, 1969

El primer poema, “Oda a César Vallejo”, es de 1954, y se halla en el primer tomo de las Odas elementales. En él Neruda parece rememorar su rápido encuentro de 1927 en París, antes de que el chileno viajara como cónsul a Asia. Neruda guarda en la memoria tanto su frágil físico como la ausencia de dinero. Escrito en vocativo, como si lo tuviera enfrente, le dice que mientras él salía a viajar, “tú te quedabas/ allí,/ sujeto a nada/ con tu vida/ y tu muerte, con tu arena/ cayendo,/ midiéndote,/ y vaciándote,/ en el aire, en el humo,/ en las callejas rotas/ del invierno. Era en París, vivías en los hoteles descalabrados/ de los pobres.” Lo llama “dos veces desterrado”. Se sobreentiende que esos dos destierros, en la vida y en la muerte, son peruanos, y los dos acaecen y terminan en París. En vida, por los últimos catorce años vividos (1924-1938), y en la muerte, primero en una tumba del cementerio de Montrouge, y el definitivo, en una del cementerio de Montparnasse. Neruda dice que ahora lo busca en su tierra, en Perú, pero como un príncipe perdido de su raza, que viene de siglos atrás, y finaliza diciéndole que tal vez “trasmigres y regreses” / […] y “un día/ te verás en el centro de tu patria,/ insurrecto/ viviente”.


De dimensiones sobrehumanas

Uno de los temas de Neruda, después del año cincuenta, en la prosa y la poesía, fue su total hartazgo ante el acoso de los envidiosos. Al hablar de ellos solía generalizar o bien individualizarlos. Era ácido, feroz. Una de las formas de la envidia que tenían sus enemigos, gratuitos o no, era compararlo con Vallejo.

El otro poema dedicado al peruano, escrito dos o tres años después de la oda, se titula sólo “V”, y se halla en Estravagario. Neruda vuelve a irse a la quijada de enemigos que, con el pretexto de rebajarlo, oponían la poesía o la persona del peruano. “Y ahora busco a quién contar las cosas/ y no hay nadie que entienda estas miserias,/ esta alimentación de la amargura: hace falta uno grande , y aquel ya no sonríe. Ya se murió y no hallo a quién decirle/ que no podrán, que no lograrán nada:/ él en el territorio de su muerte,/ con sus obras cumplidas/ y yo con mis trabajos.” No falta el toque de vanidad nerudiano recordándolo, quizás en 1937: “Cómo se te agrandaba la mirada/ conmigo/ era un fulgor aquel huesudo”, pero luego disminuye esa vanidad al escribir no sin tristeza: “y su sonrisa me sirvió de pan,/ nos dejamos de ver y V. se fue enterrando/ hasta que lo obligaron a la tierra”.

En las páginas 97 y 98 de Confieso que he vivido lo rememora de nuevo en 1927, y en tres líneas de gran penetración, dice: “Por esos días conocí a César Vallejo, el gran cholo; poeta de poesía arrugada, difícil al tacto como piel selvática, pero poesía grandiosa, de dimensiones sobrehumanas.

Luego cuenta que apenas se conocieron en el café de La Rotonde, en Montparnasse, surgió una aspereza que parece más una invención nerudiana que algo acaecido en la realidad. Vallejo lo saludó: “Usted es el más grande de nuestros poetas. Sólo Rubén Darío se le puede comparar.” Neruda protestó y le dijo que era difícil ser amigos así, si se trataban “como literatos”. Como no hay otro testigo, ni nadie más escribió sobre la anécdota, lo escrito ahí queda.

¿Vallejo pudo decir eso a alguien que apenas tenía veintitrés años y del que quizá sólo había leído Crepusculario y los Veinte poemas de amor? No tiene visos de realidad. En sus escritos literarios mencionó sólo una vez a Neruda como parte de los nuevos poetas latinoamericanos.

Después Neruda recuerda cuando lo encontró años más tarde en París, de seguro 1937, y se veían a diario. “Vallejo –lo describe físicamente– era más bajo de estatura que yo, más delgado, más huesudo. Era también más indio que yo, con unos ojos muy oscuros y una frente muy alta y abovedada. Tenía un hermoso rostro incaico entristecido por cierta indudable majestad.” Neruda relata que a Vallejo le gustaba que apreciaran sus rasgos indígenas.

A quien Neruda no aguantaba era a la esposa, Georgette Philippart, que en eso coincidía hasta con los íntimos amigos de Vallejo. Con deliciosa mala leche, con una definición aniquiladora, habla de ella como “una francesa tiránica y presumida, hija de concierge”, que ejercía una dominación sobre el poeta. Por supuesto que Georgette no era hija de conserje, era una pequeña burguesa que Vallejo conoció en la Rue Molière y vivía en un departamento con su madre frente al hotel Richelieu, donde él vivió en 1926 y 1927, a quien Vallejo le llevaba dieciséis años, y quien, al morir la madre, acepta la relación y luego casarse. Por demás, las fotografías de joven de Georgette dejan ver una muchacha delgada, bonita, cuyos rasgos del rostro con los años se volverían severos, duros. Pero la definición es divertidamente aniquiladora. Neruda volvería a hablar de Georgette cuando, en 1937, para ir de París a Valencia al II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, en plena Guerra Civil española, Vallejo llegó a reclamar. “Estaba enojado porque no se le había dado pasaje a su mujer, insoportable para todos los demás” (el subrayado es mío). Neruda se lo consiguió. A ese congreso fueron, entre otros, Malraux, Tristan Tzara, Vicente Huidobro, Raúl González Tuñón, Nicolás Guillén, W.H. Auden, Anna Seghers, Langston Hughes, los mexicanos Silvestre Revueltas, Carlos Pellicer, José Mancisidor y los muy jóvenes Octavio Paz y Elena Garro, y una larga legión española. El Congreso se verificó del 4 al 17 de julio de aquel 1937. De la inauguración pueden encontrarse imágenes filmadas donde aparece fugazmente Vallejo, detrás de Malraux y José Bergamín. Se le ve de pie, aplaudiendo, en camisa, con corbata, muy flaco.

En la página 391, de manera breve, Neruda retoma lo antes dicho: las causas de su muerte y los detractores que lo enfrentan con el gran poeta peruano. “Vallejo era serio y puro. Se murió en París. Se murió del aire sucio de París, del río sucio de donde han sacado tantos muertos. Vallejo se murió de asfixia. Si lo hubiéramos traído a su Perú, si lo hubiéramos hecho respirar aire y tierra peruana, tal vez estaría viviente y cantando. He escrito en distintas épocas dos poemas sobre mi amigo entrañable, sobre mi buen camarada.” Y vuelve a emprenderla con hartazgo y enojo contra el caudal de detractores: “En los últimos tiempos, en esta pequeña guerra de la literatura, guerra mantenida por pequeños soldados de dientes feroces, han estado lanzando a Vallejo, a la sombra de Vallejo, a la ausencia de Vallejo, a la poesía de César Vallejo, contra mí mi poesía.” Y termina el párrafo sentenciando que si él fuera el muerto “lo lanzarían contra Vallejo”.

No sé si después del modernismo fueron los dos poetas mayores de lengua española en el siglo XX; para mí lo son. Pero no hay problema si otros eligen, para estar junto a ellos, a phares como Huidobro o Borges o Lorca u Octavio Paz o a quien juzguen a su magnífica altura.



lundi 6 octobre 2025

ENFERMEDADES EN MI CASA

 

Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa

escarba los azufres caídos durante muchos meses

y su red natural, sus cabellos sonando

a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan,

allí la rosa de alambre maldito

golpea con arañas las paredes

y el vidrio roto hostiliza la sangre,

y las uñas del cielo se acumulan,

de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir

un asunto estimable,

es tanta la niebla, la vaga niebla cagada por los pájaros,

es tanto el humo convertido en vinagre

y el agrio aire que horada las escalas:

en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas,

no hay sino llanto, nada más que llanto,

porque sólo sufrir, solamente sufrir,

y nada más que llanto.


El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro,

y la sal golpea y la espuma devora,

las raíces de un árbol sujetan una mano de niña,

las raíces de un árbol más grande que una mano de niña,

más grande que una mano del cielo,

y todo el año trabajan, cada día de luna

sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna,

y hay un planeta de terribles dientes

envenenando el agua en que caen los niños,

cuando es de noche, y no hay sino la muerte,

solamente la muerte, y nada más que el llanto.


Como un grano de trigo en el silencio, pero

a quién pedir piedad por un grano de trigo?

Ved cómo están las cosas: tantos trenes,

tantos hospitales con rodillas quebradas,

tantas tiendas con gentes moribundas:

entonces, cómo?, cuándo?,

a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío,

y por un corazón del tamaño del trigo que vacila?

No hay sino ruedas y consideraciones,

alimentos progresivamente distribuidos,

líneas de estrellas, copas

en donde nada cae, sino sólo la noche,

nada más que la muerte.


Hay que sostener los pasos rotos.

Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde

una cosa quemada con llamas de humedad,

una cosa entre trapos tristes como la lluvia,

algo que arde y solloza,

un síntoma, un silencio.

Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados,

entre las flores vacías que el destino corona y abandona,

hay un río que cae en una herida,

hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada,

hay todo el cielo agujereando un beso.


Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio,

ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras

de mujeres mojadas en mi sudor terrestre,

luna del sur del cielo deshojado,

venid a mí con un día sin dolor,

con un minuto en que pueda reconocer mis venas.

Estoy cansado de una gota,

estoy herido en solamente un pétalo,

y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo,

y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra,

y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce,

por unos dedos que el rosal quisiera

escribo este poema que sólo es un lamento,

solamente un lamento.

CARTA EN RESPUESTA A LA CRÓNICA DEL DIARÍO EL MUNDO

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MALVA MARINA 
PHOTO F. JULSING

La Fundación Neruda / Inicio » Sin categoría » Malva Marina, Hija de Pablo Neruda / MALVA MARINA, HIJA DE PABLO NERUDA / Carta en Respuesta a la crónica de el diarío El Mundo / Por Darío Oses, Director Biblioteca Fundación Pablo Neruda / De mi consideración: hemos leído, en la edición digital del diario El mundo, la crónica “La hija madrileña a la que Pablo Neruda abandonó…”, de Paco Riego, que reseña la novela de Hagar Peeters, sobre Malva Marina Reyes, única hija del poeta Pablo Neruda.

Por Darío Oses

Sr. Director

Diario El Mundo

Madrid

        PANTALLAZO EL MUNDO 

De mi consideración: hemos leído, en la edición digital del diario El mundo, la crónica “La hija madrileña a la que Pablo Neruda abandonó…”, de Paco Riego, que reseña la novela de Hagar Peeters, sobre Malva Marina Reyes, única hija del poeta Pablo Neruda.

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Nos parece necesario, hacer algunos comentarios sobre esta crónica.

1.- En sus inicios, esta dice: “Han pasado 84 años y Peeters sacude el manto de misterio que durante ocho décadas cubrió la vida de esta niña con hidrocefalia, Malva Marina, ocultada y repudiada por su propio padre, uno de los más grandes poetas de la historia.

Esto es falso. Peeters no ha sacudido ningún “manto de misterio”. En su biografía, Neruda, publicada en 1984, Volodia Teitelboim le dedica cuatro páginas a Malva Marina. En Pablo Neruda: los caminos del mundo, de 2001, Edmundo Olivares dedica un capítulo a la niña. David Shidlowsky, también aborda el tema, en Las furias y las penas, Pablo Neruda y su tiempo, (2003), y Bernardo Reyes, escribe un extenso estudio, titulado El enigma de Malva Marina, que se publica el 2007.

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El año 2004, en que se conmemoró el centenario de Neruda, la dramaturga Flavia Radrigán estrenó su obra Un ser perfectamente ridículo, puesta en escena por el Teatro de la Universidad de Chile, que desata una cantidad de repetitivas críticas entre otros, del periodista y abogado de ultraderecha, Hermógenes Pérez de Arce, quien escribe: “Su mujer legítima, Antonieta Hagenaar, tuvo una hija enferma de hidrocefalia. Ambas fueron abandonadas por el vate, quedando en la pobreza”. En tanto el escritor Enrique Lafourcade anotaba: “Malva Marina murió a los nueve años. El poeta de la humanidad – que hoy celebramos en forma delirante – declinó volver a verla… Se negó a asistir a los funerales de la niña…”

El mismo año 2004, se encuentra la tumba de Malva Marina, en un cementerio de Gouda, y se publican las primeras fotos de la niña.

2.- En vuestra crónica se habla reiteradamente de una “Malva Marina, ocultada y repudiada por su propio padre”, y del “rechazo” de Neruda por su propia hija.

Advertimos aquí una clara intencionalidad: se usan testimonios, como los del poeta Vicente Aleixandre, que muestran a un Neruda lleno de ternura hacia su hija, o una carta del mismo poeta a su amiga argentina Sara Tornú, en la que le relata su angustia por la enfermedad de la niña, y sus desvelos por el cuidado de ella, como una especie de enajenación del poeta. La crónica dice textualmente: “Al parecer, al comienzo Neruda no era muy consciente del alcance de la enfermedad de su hija, a la que consideró «una maravilla» al poco de nacer.” Así, sobre la base de esta conjetura y de una lectura prejuiciada de los testimonios que muestran a Neruda como un padre preocupado por su hija, se construye la imagen de este padre que al salir de su “ceguera” repudia y oculta a su propia hija.

Se omite el testimonio principal, el poema “Enfermedades en mi casa”, dedicado a la enfermedad de su hija, que es un poema de dolor, que muestra a un poeta que lejos de estar enceguecido por la vanidad paterna, está plenamente consciente de la enfermedad de su hija.

Además, un poeta que quiere ocultar a su hija, no pondría un poema dedicado a ella, en uno de sus libros más importantes, Residencia en la tierra 2, que fue el que le dio reconocimiento en España, entre sus pares de la generación del 27.

3.- En otra parte la crónica dice: “en 1936 el poeta abandona definitivamente a su mujer y a su niña para irse a vivir con la Hormiguita. Las deja casi sin dinero en Montecarlo, ciudad a la que llegan huyendo de la Guerra Civil. Maruca cruza toda Francia con su niña enferma hasta llegar a Holanda, donde se instala en la ciudad de Gouda. Madre e hija pasan hambre y penurias.

Efectivamente Neruda sale con su mujer y con su hija de España cuando las condiciones creadas por la guerra civil hacen difícil y riesgosa la vida allí. Desde hacía tiempo el matrimonio Neruda Hagenaar estaba naufragando. De común acuerdo con su esposa, ella y Malva Marina parten a Holanda y él se va a París a trabajar en actividades anti fascistas. Neruda fue a ver a su hija la última vez que pudo hacerlo, en 1939, en el último viaje que pudo hacer a Europa, para embarcar a los republicanos españoles en el Winnipeg. Después de ese año, Holanda y prácticamente toda Europa fueron ocupadas por los nazis. Neruda se había comprometido a fondo con los movimientos antifascistas de la época. Si hubiese ido a Europa habría terminado prisionero en un campo de exterminio. Malva Marina muere en Holanda en 1943, cuando los nazis todavía eran los dueños de Europa.

Es falso que el poeta haya abandonado a su mujer y a su hija a la miseria. Está documentado por cartas de la misma Maruca Hagenaar y por documentos consulares, que el poeta nunca dejó de enviarles una mesada. Ésta, al principio era en dólares, pero la misma Maruca la solicitó en otra moneda, ya que no podía cambiar dólares en la Holanda ocupada por los nazis.

Lo que Neruda hizo, es lo que hacía en esa época, y siguen haciendo hasta hoy, la mayoría de los matrimonios que se separan: la madre se queda con los hijos, y el padre les da el dinero y los va a ver de vez en cuando. Solo que por circunstancias históricas, Neruda no podía ir a ver a su hija.

4.- La crónica incurre en errores muy gruesos, como el de afirmar que en Chile “Maria Hagenaar, embarazada, sin amigos y con un marido al que sólo ve al amanecer, se rebela. Ya no soporta más ausencias e infidelidades y quiere volver a Europa. Neruda, para aplacarla, echa mano de influyentes amigos del Gobierno y consigue que lo envíen a Madrid.

Lo cierto es que Neruda fue destinado a Buenos Aires, donde conoce a García Lorca, luego a Barcelona, y finalmente a Madrid. Tampoco fue cónsul general, como lo señala la crónica.

El antinerudismo es ya una tradición, y como en este caso, muchas de las imágenes anti Neruda, se construyen en gran medida haciendo abstracción de las condiciones del momento, simplificando los hechos y a veces, con un sentido oportunista: el de acoplarse al ícono Neruda, mundialmente reconocido, para alcanzar alguna notoriedad.


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LITTERATURE 1971 DES MAINS DU ROI DE SUEDE


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La nouvelle fut annoncée le 21 octobre 1971, mais il reçut le prix quelques mois plus tard, le 10 décembre 1971, des mains du roi Gustave Adolphe.

Pablo Neruda 53ème anniversaire de la réception du Prix Nobel de littérature

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    jeudi 2 novembre 2023

    LA MA NOUNOU

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    TRINIDAD CANDIA MALVERDE.
     1927

    La Ma Nounou


    La Ma Nounou s’avance

    dans ses sabots de bois. Au soir d’hier

    le vent du Pôle a soufflé, les toits

    se sont brisés, les murs

    et les ponts se sont effondrés,

    toute la nuit a hurlé avec ses pumas,

    et maintenant, en ce matin

    de soleil glacé, la voici

    la Ma Nounou donã

    Trinidad Marverde,

    douce comme la timide fraîcheur

    du soleil dans les pays de tempête,

    lampe

    menue et s’éteignant,

    se rallumant

    pour que tous voient bien le chemin.


    O douce Ma Nounou

    - je n’ai jamais pu

    t’appeler belle-mère -

    maintenant

    ma bouche tremble pour te définir,

    j’étais à peine

    à l’âge où l’on comprend

    que je voyais déjà la bonté habillée de pauvres nippes noires,

    la sainteté la plus utile :

    celle de l’eau, celle de la farine ;

    tu fus cela : la vie te pétrit, tu fus pain

    que nous mangions là-bas,

    de l’hiver long à l’hiver désolé

    où notre toit gouttait

    à l’intérieur de la maison

    et ton humilité partout présente

    égrenant

    l’âpre

    céréale de la pauvreté

    comme si tu avais

    réparti

    une rivière de diamants. 


    Aïe ! maman, comment ai-je pu

    vivre sans t’évoquer

    à chacune de mes minutes ?

    Ce n’est pas possible. Je porte

    dans mon sang ton Marverde,

    le nom

    du pain qu’on se partage,

    de ces

    douces mains

    qui dans le sac à farine taillèrent

    les caleçons de mon enfance,

    le nom de celle qui cuisina, repassa, lava,

    sema, calma ma fièvre

    et qui, lorsque tout fut fini

    et que

    je pouvais bien me tenir ferme sur mes jambes,

    s’en alla, obscure et parfaite,

    vers le petit cercueil

    où pour la première fois elle n’eut plus rien à faire

    sous la pluie dure de Temuco.


    Traduit de l’espagnol par Claude Couffon

    In, Pablo Neruda : « Mémorial de l’Isle-Noire »

    Editions Gallimard, 1970

    jeudi 26 octobre 2023

    WALKING AROUND

      –WALKING AROUND–





    Sucede que me canso de ser hombre.
    Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
    marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
    navegando en un agua de origen y ceniza.

    El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
    Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
    sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
    ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

    Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
    y mi pelo y mi sombra.
    Sucede que me canso de ser hombre.

    Sin embargo sería delicioso
    asustar a un notario con un lirio cortado
    o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
    Sería bello
    ir por las calles con un cuchillo verde
    y dando gritos hasta morir de frío.

    No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
    vacilante, extendido, tiritando de sueño,
    hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
    absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

    No quiero para mí tantas desgracias.
    No quiero continuar de raíz y de tumba,
    de subterráneo solo, de bodega con muertos
    ateridos, muriéndome de pena.

    Por eso el día lunes arde como el petróleo
    cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
    y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
    y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

    Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
    a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
    a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
    a calles espantosas como grietas.

    Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
    colgando de las puertas de las casas que odio,
    hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
    hay espejos
    que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
    hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

    Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
    con furia, con olvido,
    paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
    y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
    calzoncillos, toallas y camisas que lloran
    lentas lágrimas sucias.

    –Pablo Neruda–

    samedi 7 octobre 2023

    LA MAMADRE

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    LAURA REYES (HERMANA), PABLO NERUDA
    Y TRINIDAD CANDIA MALVERDE,
    SU QUERIDA MAMADRE   
    La mamadre

    La mamadre viene por ahí,

    con zuecos de madera. Anoche

    sopló el viento del polo, se rompieron

    los tejados, se cayeron

    los muros y los puentes,

    aulló la noche entera con sus pumas,

    y ahora, en la mañana

    de sol helado, llega

    mi mamadre, doña

    Trinidad Marverde,

    dulce como la tímida frescura

    del sol en las regiones tempestuosas,

    lamparita

    menuda y apagándose,

    encendiéndose

    para que todos vean el camino.


    Oh dulce mamadre

    —nunca pude

    decir madrastra—,

    ahora

    mi boca tiembla para definirte,

    porque apenas

    abrí el entendimiento

    vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,

    la santidad más útil:

    la del agua y la harina,

    y eso fuiste: la vida te hizo pan

    y allí te consumimos,

    invierno largo a invierno desolado

    con las goteras dentro

    de la casa

    y tu humildad ubicua

    desgranando

    el áspero

    cereal de la pobreza

    como si hubieras ido

    repartiendo

    un río de diamantes.


    Ay mamá, cómo pude

    vivir sin recordarte

    cada minuto mío?

    No es posible. Yo llevo

    tu Marverde en mi sangre,

    el apellido

    del pan que se reparte,

    de aquellas

    dulces manos

    que cortaron del saco de la harina

    los calzoncillos de mi infancia,

    de la que cocinó, planchó, lavó,

    sembró, calmó la fiebre,

    y cuando todo estuvo hecho,

    y ya podía

    yo sostenerme con los pies seguros,

    se fue, cumplida, oscura,

    al pequeño ataúd

    donde por vez primera estuvo ociosa

    bajo la dura lluvia de Temuco.


    [Del libro Memorial de Isla Negra] 

    * En la Foto Laura Reyes (Hermana), Pablo Neruda y Trinidad Candia Marverde, su querida Mamadre.  

    mardi 26 septembre 2023

    TOROS

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    TOROS

    Toros


    I


    Entre las aguas del norte y las del sur

    España estaba seca,

    sedienta, devorada, tensa como un tambor,

    seca como la luna estaba España

    y había que regar pronto antes de que ardiera,

    ya todo era amarillo,

    de un amarillo viejo y pisoteado,

    ya todo era de tierra,

    ni siquiera los ojos sin lágrimas lloraban

    (ya llegará el tiempo del llanto)

    desde la eternidad ni una gota de tiempo,

    ya iban mil años sin lluvia,

    la tierra se agrietaba

    y allí en las grietas los muertos:

    un muerto en cada grieta

    y no llovía,

    pero no llovía.


    II


    Entonces el toro fue sacrificado.

    De pronto salió una luz roja

    como el cuchillo del asesino

    y esta luz se extendió desde Alicante,

    se encarnizó en Somosierra.

    Las cúpulas parecían geranios.

    Todo el mundo miraba hacia arriba.

    Qué pasa? preguntaban.

    Y en medio del temor

    entre susurro y silencio

    alguien que lo sabía

    dijo: “Esa es la luz del toro”.


    III


    Vistieron a un labriego pálido

    de azul con fuego, con ceniza de ámbar,

    con lenguas de plata, con nube y bermellón,

    con ojos de esmeralda y colas de zafiro

    y avanzó el pálido ser contra la ira,

    avanzó el pobre vestido de rico para matar,

    vestido de relámpago para morir.


    IV

    Entonces cayó la primera gota de sangre y floreció,

    la tierra recibió sangre y la fue consumiendo

    como una terrible bestia escondida que no puede saciarse,

    no quiso tomar agua,

    cambió de nombre su sed,

    y todo se tiñó de rojo,

    las catedrales se incendiaron,

    en Góngora temblaban los rubíes,

    en la plaza de toros roja como un clavel

    se repetía en silencio y furia el rito,

    y luego la gota corría boca abajo

    hacia los manantiales de la sangre,

    y así fue y así fue la ceremonia,

    el hombre pálido, la sombra arrolladora

    de la bestia y el juego

    entre la muerte y la vida bajo el día sangriento.


    V


    Fue escogido entre todos el compacto,

    la pureza rizada por olas de frescura,

    la pureza bestial, el toro verde,

    acostumbrado al áspero rocío,

    lo designó la luna en la manada,

    como se escoge un lento cacique fue escogido.

    Aquí está, montañoso, caudal, y su mirada

    bajo la media luna de los cuernos agudos

    no sabe, no comprende si este nuevo silencio

    que lo cubre es un manto genital de delicias

    o sombra eterna, boca de la catástrofe.

    Hasta que al fin se abre la luz como una puerta,

    entra un fulgor más duro que el dolor,

    un nuevo ruido como sacos de piedras que rodaran

    y en la plaza infinita de ojos sacerdotales

    un condenado a muerte que viste en esta cita

    su propio escalofrío de turquesa,

    un traje de arco iris y una pequeña espada.


    VI


    Una pequeña espada con su traje,

    una pequeña muerte con su hombre,

    en pleno circo, bajo la naranja implacable

    del sol, frente a los ojos que no miran,

    en la arena, perdido como un recién nacido,

    preparando su largo baile, su geometría.

    Luego como la sombra y como el mar

    se desatan los pasos iracundos del toro

    (ya sabe, ya no es sino su fuerza)

    y el pálido muñeco se convierte en razón,

    la inteligencia busca bajo su vestidura

    de oro cómo danzar y cómo herir.

    Debe danzar muriendo el soldado de seda.

    Y cuando escapa es invitado en el Palacio.

    Él levanta una copa recordando su espada.

    Brilla otra vez la noche del miedo y sus estrellas.

    La copa está vacía como el circo en la noche.

    Los señores quieren tocar al que agoniza.


    VII


    Lisa es la femenina como una suave almendra,

    de carne y hueso y pelo es la estructura,

    coral y miel se agrupan en su largo desnudo

    y hombre y hambre galopan a devorar la rosa.

    Oh flor! La carne sube en una ola,

    la blancura desciende su cascada

    y en un combate blanco se desarma el jinete

    cayendo al fin cubierto de castidad florida.


    VIII


    El caballo escapado del fuego,

    el caballo del humo,

    llegó a la Plaza, va como una sombra,

    como una sombra espera al toro,

    el jinete es un torpe

    insecto oscuro,

    levanta su aguijón sobre el caballo negro,

    luce la lanza negra, ataca

    y salta

    enredado en la sombra y en la sangre.


    IX


    De la sombra bestial suenan los suaves cuernos

    regresando en un sueño vacío al pasto amargo,

    solo una gota penetró en la arena,

    una gota de toro, una semilla espesa,

    y otra sangre, la sangre del pálido soldado:

    un esplendor sin seda atravesó el crepúsculo,

    la noche, el frío metálico del alba.

    Todo estaba dispuesto. Todo se ha consumido.

    Rojas como el incendio son las torres de España.