Citation de Pablo Neruda

mardi 26 septembre 2023

TOROS

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TOROS

Toros


I


Entre las aguas del norte y las del sur

España estaba seca,

sedienta, devorada, tensa como un tambor,

seca como la luna estaba España

y había que regar pronto antes de que ardiera,

ya todo era amarillo,

de un amarillo viejo y pisoteado,

ya todo era de tierra,

ni siquiera los ojos sin lágrimas lloraban

(ya llegará el tiempo del llanto)

desde la eternidad ni una gota de tiempo,

ya iban mil años sin lluvia,

la tierra se agrietaba

y allí en las grietas los muertos:

un muerto en cada grieta

y no llovía,

pero no llovía.


II


Entonces el toro fue sacrificado.

De pronto salió una luz roja

como el cuchillo del asesino

y esta luz se extendió desde Alicante,

se encarnizó en Somosierra.

Las cúpulas parecían geranios.

Todo el mundo miraba hacia arriba.

Qué pasa? preguntaban.

Y en medio del temor

entre susurro y silencio

alguien que lo sabía

dijo: “Esa es la luz del toro”.


III


Vistieron a un labriego pálido

de azul con fuego, con ceniza de ámbar,

con lenguas de plata, con nube y bermellón,

con ojos de esmeralda y colas de zafiro

y avanzó el pálido ser contra la ira,

avanzó el pobre vestido de rico para matar,

vestido de relámpago para morir.


IV

Entonces cayó la primera gota de sangre y floreció,

la tierra recibió sangre y la fue consumiendo

como una terrible bestia escondida que no puede saciarse,

no quiso tomar agua,

cambió de nombre su sed,

y todo se tiñó de rojo,

las catedrales se incendiaron,

en Góngora temblaban los rubíes,

en la plaza de toros roja como un clavel

se repetía en silencio y furia el rito,

y luego la gota corría boca abajo

hacia los manantiales de la sangre,

y así fue y así fue la ceremonia,

el hombre pálido, la sombra arrolladora

de la bestia y el juego

entre la muerte y la vida bajo el día sangriento.


V


Fue escogido entre todos el compacto,

la pureza rizada por olas de frescura,

la pureza bestial, el toro verde,

acostumbrado al áspero rocío,

lo designó la luna en la manada,

como se escoge un lento cacique fue escogido.

Aquí está, montañoso, caudal, y su mirada

bajo la media luna de los cuernos agudos

no sabe, no comprende si este nuevo silencio

que lo cubre es un manto genital de delicias

o sombra eterna, boca de la catástrofe.

Hasta que al fin se abre la luz como una puerta,

entra un fulgor más duro que el dolor,

un nuevo ruido como sacos de piedras que rodaran

y en la plaza infinita de ojos sacerdotales

un condenado a muerte que viste en esta cita

su propio escalofrío de turquesa,

un traje de arco iris y una pequeña espada.


VI


Una pequeña espada con su traje,

una pequeña muerte con su hombre,

en pleno circo, bajo la naranja implacable

del sol, frente a los ojos que no miran,

en la arena, perdido como un recién nacido,

preparando su largo baile, su geometría.

Luego como la sombra y como el mar

se desatan los pasos iracundos del toro

(ya sabe, ya no es sino su fuerza)

y el pálido muñeco se convierte en razón,

la inteligencia busca bajo su vestidura

de oro cómo danzar y cómo herir.

Debe danzar muriendo el soldado de seda.

Y cuando escapa es invitado en el Palacio.

Él levanta una copa recordando su espada.

Brilla otra vez la noche del miedo y sus estrellas.

La copa está vacía como el circo en la noche.

Los señores quieren tocar al que agoniza.


VII


Lisa es la femenina como una suave almendra,

de carne y hueso y pelo es la estructura,

coral y miel se agrupan en su largo desnudo

y hombre y hambre galopan a devorar la rosa.

Oh flor! La carne sube en una ola,

la blancura desciende su cascada

y en un combate blanco se desarma el jinete

cayendo al fin cubierto de castidad florida.


VIII


El caballo escapado del fuego,

el caballo del humo,

llegó a la Plaza, va como una sombra,

como una sombra espera al toro,

el jinete es un torpe

insecto oscuro,

levanta su aguijón sobre el caballo negro,

luce la lanza negra, ataca

y salta

enredado en la sombra y en la sangre.


IX


De la sombra bestial suenan los suaves cuernos

regresando en un sueño vacío al pasto amargo,

solo una gota penetró en la arena,

una gota de toro, una semilla espesa,

y otra sangre, la sangre del pálido soldado:

un esplendor sin seda atravesó el crepúsculo,

la noche, el frío metálico del alba.

Todo estaba dispuesto. Todo se ha consumido.

Rojas como el incendio son las torres de España.




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